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domingo, 30 de octubre de 2011

Ramana Maharshi en René Guénon


He aquí el listado de reseñas que René Guénon fue publicando en la revista Etudes Traditionnelles en torno a libros sobre las enseñanzas de Sri Bhagavan Ramana Maharshi, recopiladas posteriormente en el libro Études sur l´Hindouisme (en español recomendamos la traducción publicada por Ediciones Vía Directa).

 Reseñas del año 1935

12.- Shrî Ramana Maharshi, Five Hymns to Srî Arunachala (Shrî Ramanasram, Tiruvannamalai, South India). -El autor de estos himnos no es otro que el "Maharishee" del que habla Paul Brunton en su libro, A Search in secret India, que hemos reseñado hace algún tiempo. Arunachala es el nombre de un monte considerado lugar sagrado y símbolo del "Corazón del mundo"; representa la inmanencia de la "Consciencia Suprema" en todos los seres. Estos himnos respiran una espiritualidad incontestable; al comienzo se podría creer que se trate solamente de una vía de bhakti, pero el último de ellos engloba todas las vías, diversas pero no excluyentes, en la unidad de una síntesis que procede de un punto de vista verdaderamente universal. En el prefacio de esta traducción, Grant Duff opone acertadamente la espiritualidad oriental a la filosofía occidental; es también demasiado cierto ¡que las sutilezas de la dialéctica sólo sirven para perder el tiempo!
 
Reseñas del año 1936

martes, 21 de diciembre de 2010

Guénon: Precisiones necesarias

"PRECISIONES NECESARIAS", RECOPILATORIO DE ARTÍCULOS DE GUÉNON
Redacción - Soriaymas. 21/12/2004

Es un libro poco conocido debido a que se ha publicado en Italia. Recoge 25 artículos publicados en un periódico de Cremona y escritos por René Guénon, algunos ya insertos en otras obras
 

PRECISAZIONI NECESSARIE, II Cavallo Alato, Padova, 1988. Recopilación de 25 artículos (con nota introductoria de Aldo Braccio).

ÍNDICE

Nota introductoria de Aldo Braccio

Capítulo 1: Conocimiento espiritual y “cultura” profana (2 de febrero de 1934).

Capítulo 2: Sobre la enseñanza “tradicional” y sobre el sentido de los símbolos (2 de marzo de 1934). Recoge, con variantes, una conferencia de René Guénon en la Logia Thebah 347: “La enseñanza iniciática”. Primero publicada en Le Symbolisme, Paris, enero de 1913. Publicado después con variaciones en el nº de diciembre de 1933 del Voile d´Isis y recopilado en Articles et Comptes Rendus I. Escrito reelaborado por el autor para el capítulo XXXI de Aperçus sur l ´Initiation.

Capítulo 3: Significado del “folklore” (16 de marzo de 1934) (Firmado r. g.)

Capítulo 4: Dos mitos: civilización y progreso (18 de abril de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene casi la totalidad de la primera parte del capítulo “Civilización y Progreso” de Orient et Occident.

Capítulo 5: El mito del progreso (2 de mayo de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene casi la totalidad de la segunda parte del capítulo “Civilización y Progreso” de Orient et Occident.

Capítulo 6: A lo que se reduce la “religión” de un filósofo (1 de junio de 1934). Reproducción del artículo "La ‘Religion’ d'un Philosophe", Voile d´Isis, enero de 1934, pero algo reducido. El original francés se ha recopilado en Articles et Comptes Rendus I. El autor reelaboró el escrito para formar el capítulo XXXIII de Le Règne de la Quantité et les Signes des Temps.

Capítulo 7: El mito moralista-sentimental (16 de junio de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene casi la totalidad de la tercera parte del capítulo “Civilización y Progreso” de Orient et Occident.

Capítulo 8: La superstición de la “ciencia” (1 de julio de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene parte del capítulo “La superstición de la Ciencia” de Orient et Occident)

Capítulo 9: Cientificismo moderno y conocimiento tradicional (19 de julio de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene parte del capítulo “La superstición de la Ciencia” de Orient et Occident.


Capítulo 10: La superstición de la “vulgarización” (2 de agosto de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene parte del capítulo “La superstición de la Ciencia” de Orient et Occident.


Capítulo 11: La superstición de la “vida” (24 de agosto de 1934) (Firmado “Ignitus”). Contiene parte del capítulo “La superstición de la Vida” de Orient et Occident.

Capítulo 12: Precisiones necesarias: dos ciencias (17 de octubre de 1934)

Capítulo 13: El problema de los “principios” (16 de noviembre de 1934) (“Ignitus”). Contiene parte del capítulo “El acuerdo sobre los principios”, de Orient et Occident.


Capítulo 14: El problema de la constitución de la élite (18 de enero de 1935). Contiene parte del capítulo “Constitución y función de la élite” de Orient et Occident.

Capítulo 15: Orientaciones: fin de un mundo (10 de mayo de 1935). Contiene casi todo el prólogo de La Crise du Monde moderne.

Capítulo 16: Sobre la concepción tradicional de las artes (9 de julio de 1935) (“Ignitus”) Contiene casi todo el artículo “La iniciación y los oficios”. Retomado en Mélanges.

Capítulo 17: Crítica del individualismo (17 de septiembre de 1935). Contiene parte del capítulo V de La Crise du Monde moderne: “El individualismo”.

Capítulo 18: Tradición y tradicionalismo (17 de noviembre de 1936). Fue reelaborado para formar el capítulo XXXI de Le Règne de la Quantité.

Capítulo 19: Sobre los peligros de lo “espiritual” (27 de abril de 1937). Reescrito por el autor para formar el capítulo XXV de Le Règne de la Quantité: “La confusión de lo psiquico con lo espiritual”.

Capítulo 20: Sobre el sentido de las proporciones (15 de febrero de 1939). Publicado casi idénticamente en Etudes Traditionnelles, París, diciembre de 1937. Recopilado después en Mélanges, París, 1976.

Capítulo 21: Exploraciones en la otra orilla (31 de marzo de 1939). Reescrito por el autor para el capítulo XXVI de Le Règne de la Quantité: “Chamanismo y brujería”.

Capítulo 22: Guerra secreta (18 de abril de 1939). Reescrito por el autor para formar el capítulo XXVII de Le Règne de la Quantité: “Residuos psíquicos”

Capítulo 23: Más allá del plano “mental” (16 de julio de 1939). Reproduce con variaciones el artículo “Los límites de lo ‘mental’”, publicado en Le Voile d´Isis, octubre de 1930 y retomado por el autor para el capítulo XXXII de Aperçus sur l´Initiation.

Capítulo 24: Sobre la perversión psicoanalítica (19 de diciembre de 1939). Reproduce, con escasas variaciones el artículo “El error del psicologismo”, publicado en Études Traditionnelles, enero y febrero de 1938. Reescrito por el autor para el capítulo XXXIV de Le Règne de la Quantité: “Los desmanes del psicoanálisis”.

Capítulo 25: Sobre la autoridad espiritual (15 de febrero de 1940). Contiene, con algún añadido, la mayor parte del capítulo IX de Autorité spirituelle et pouvoir temporel: La Ley inmutable.

Addendum: Fragmento de carta a Julius Evola

Coomaraswamy: El tiempo y la eternidad

RENÉ GUÉNON Y LUC BENOIST - 06/01/2004

Dos reseñas de este interesante libro, realizadas por René Guénon y Luc Benoist, que sirven de perfecta introducción para dicha obra.


 
Dos reseñas de: “El tiempo y la eternidad”, de Ananda K. Coomaraswamy. Traducción de Esteve Serra. Biblioteca de Estudios Tradicionales, nº. Taurus Ediciones, Madrid, 1980.

Reseña de René Guénon, publicada en «Etudes Traditionnelles», en 1948, con ocasión de la publicación del original inglés
En esta obra póstuma, nuestro colaborador ha recogido y desarrollado consideraciones que ya había expuesto en parte en diversos artículos, pero que es enormemente interesante encontrar así reunidas y coordinadas en un conjunto seguido. Se ha dedicado sobre todo a mostrar el acuerdo unánime de las diferentes doctrinas tradicionales sobre la cuestión de las relaciones del tiempo y la eternidad, con ayuda de numerosas referencias sacadas, en otros tantos capítulos sucesivos, de las doctrinas hindú, búdica, griega, islámica y cristiana; todo ello, evidentemente, es imposible de resumir, y hemos de contentarnos con indicar algunas de las principales ideas que se desprenden. El tiempo, que comprende el pasado y el futuro, es, en su conjunto, absolutamente continuo, y sólo lógicamente, y no realmente, puede dividirse en partes; por esa continuidad que constituye la duración, contrasta con la eternidad, que, por el contrario, es el «instante» intemporal y sin duración, el verdadero presente del que no es posible ninguna experiencia temporal. La eternidad se refleja o se expresa en el «ahora», que en todo momento separa y une a la vez el pasado y el futuro; e incluso ese «ahora», en la medida en que carece realmente de duración; y por consiguiente es invariable e inmutable pese a la ilusión de «movimiento» debida a una conciencia sometida a las condiciones de tiempo y de espacio, no se distingue verdaderamente de la eternidad misma, en la que está siempre presente el conjunto del tiempo en la totalidad de su extensión. La independencia esencial y absoluta de la eternidad con respecto al tiempo y a: toda duración, que casi todo hombre moderno parece tener tanta dificultad de concebir, resuelve inmediatamente todas las dificultades planteadas acerca de la Providencia y la omnisciencia divina: éstas no se refieren al pasado y al futuro como tales, lo cual es sólo el punto de vista contingente y relativo del ser condicionado por el tiempo, sino a una simultaneidad total, sin división ni sucesión de ninguna clase.

A este respecto, se puede comparar la relación de la eternidad y el tiempo a la del centro y la circunferencia: todos los puntos de la circunferencia y todos los radios son siempre visibles simultáneamente desde el centro, sin que esa vista interfiera para nada en los movimientos que se producen en la circunferencia o siguiendo los rayos, y que aquí representarán respectivamente la determinación (encadenamiento de acontecimientos en el recorrido ordenado de la circunferencia) y la libre voluntad (movimiento centrípeto o centrífugo) con las cuales, por consiguiente, no puede tener ningún desacuerdo. Otra consecuencia es la que concierne a la creación: Dios, precisamente porque no está en el tiempo, crea el mundo «ahora» exactamente lo mismo que lo ha creado o lo creará; el acto creador es realmente intemporal, y somos nosotros quienes lo situamos en una época que relacionamos con el pasado, o que representamos ilusoriamente con el aspecto de una sucesión de acontecimientos lo que es esencialmente simultáneo en la realidad “principial”. En el tiempo, todo se desplaza incesantemente, aparece, cambia y desaparece; en la eternidad, por el contrario, todo permanece en un estado de constante inmutabilidad; la diferencia entre ambos es propiamente la del «devenir» y el «ser». El propio tiempo, por lo demás, seria inconcebible sin ese «instante» intemporal que es la eternidad, lo mismo que el espacio sería inconcebible sin el punto «no-dimensional»; y es evidente que aquel de los dos términos que da al otro todo su significado es también el más real en el verdadero sentido de la palabra

RESEÑA DE LUC BENOIST

Guénon dijo a menudo que «Quien no puede salir de la sucesión temporal es incapaz de la menor concepción de orden metafisico». En la doctrina tradicional, tiempo y espacio son continuidades ininterrumpidas. El tiempo, no obstante, tiene una naturaleza más «principal» que el espacio y le es lógicamente anterior. El tiempo «gasta» el espacio como Caín (que corresponde al tiempo) mató a Abel (que corresponde al espacio). El tiempo se compone de pasado, futuro y un presente que es su producto, un estado, de hecho, inapreciable. Estas tres fases de la existencia son las funciones respectivas de los tres principios que componen la Trimurti hindú: Brahma, Vishnú y Shiva. El tiempo absoluto lo representa la Eternidad, que es el No-Tiempo. Para un occidental, la eternidad es una perpetuidad, cuando, en realidad, la verdadera Eternidad es una «no-duración», un eterno presente que sólo el intelecto puede comprender. La simboliza el ojo frontal de Shiva, ojo invisible, que «lo reduce todo a cenizas».

Dios es eterno y crea el mundo ahora y siempre. La cuestión: «¿qué hacía Dios antes de crear el mundo?» es absurda. Porque «in principio», en el principio, es una locución que no implica un comienzo en el tiempo, sino un origen en el primer «principio». Para la Divinidad, la palabra «siempre» es un término que designa el «presente». Añádase la noción de “semper” a la de “aeternitas” y se obtendrá el «ahora» que siempre fluye, es decir, la «sempiternidad», como dice Boecio.

«Nada nuevo puede decirse de Dios», nos enseña Eckhart, que agrega: «Dios está vacío de todo y es todo». El silencio es la vía de en medio, del instante. El instante indivisible es inmanente al tiempo, pero no es una parte del tiempo. Dios tiene la grandeza y la sutileza, que corresponden a Su Trascendencia y a Su Inmanencia.

El presente es tan inapreciable que algunas lenguas como el hebreo y el árabe reconocen esa inaprensibilidad no poseyendo conjugación verbal del presente. Coincidimos aquí con la doctrina búdica del Instante. Todos los tiempos están presentes en la visión instantánea de Buddha. El despertar de Buddha acontece en la aurora, ese momento indeciso en que no es ni de noche, ni de día. Ve el mundo en disolución instantánea siendo así que para él no hay en la tierra continuidad ni estado deseable. Ese instante no es mensurable, es menos que un abrir y cerrar de ojos, no está en el tiempo, está; anegado en la eternidad. El presente es ese instante indivisible en el que se sitúan las tres fases (pasado, presente, futuro) de su existencia. Por eso hay en el instante simultaneidad entre pasado y futuro. Como dijo Nicolás de Cusa: «El futuro y el pasado se encuentran en el presente».

El Sufi es hijo del instante, es una negación de las divisiones temporales, como lo es Dios de la dualidad. Porque el Ser no se sitúa sino en el Instante. La identificación del Ser con lo que deviene, con un proceso .de evolución o de involución, es una imposibilidad. No hay entropía del ser. Las dos categorías de la vida y de la muerte no son sino instantes en una «vida» más vasta. Y, como dice San Agustín, el Ser designa la Inmutabilidad.

La Realidad última implica la totalidad, la omnipresencia, la coincidencia en la eternidad de todo cuanto es perpetuo y de todo cuanto es instantáneo. Como todo cambio implica la muerte de algo, el mundo y los seres son metafísicamente irreales. Y es poco razonable decir que el mundo ES. La Realidad suprema carece de nombre. Sólo se la puede sugerir con términos negativos. La verdad es expresada por un silencio, sin afirmación ni negación.

Por eso, también la lógica india sostiene que causa y efecto son siempre simultáneos, tanto en principio como en los hechos. Califica de indivisible y «no-pasada» la causalidad, lo que implica que la eficacia de un acto está realmente presente en el efecto. Causa y efecto no tienen existencia independiente. Las consecuencias de los actos pasados permanecen latentes hasta el momento en que se presentan las condiciones de su manifestación.

Aquel poliglota budista que fue Coomaraswamy supo sintetizar en “El Tiempo y la Eternidad” las doctrinas de oriente y de occidente, antiguas y modernas, en el Hinduismo, el Budismo, Grecia, el Islam, el Cristianismo y el pensamiento contemporáneo.