Como complemento a diversos post que estoy publicando en
templariosymas acerca del enigmático bafomet templario, reseño este libro firmado por un anónimo autor que ha querido firmar tan sólo con su nombre de pila, Cristobal:
Yo soy Baphomet el incomprendido (1993).
El libro, de 229 páginas, tiene como prologuista al junguiano y conocedor de la obra de René Guénon, Manuel Perales Pérez que realiza un interesante análisis preliminar y presentación, y del que destaco estas palabras: "El Bafomet, al hilo de como nos lo describe Cristóbal, asume todos los mismos ejemplos de diversas civilizaciones, culturas y períodos que muestran la universalidad del Todo, lo Único, el Origen, lo Absoluto, ... la Nada... Dios... esa imagen que se presenta en el pensamiento de los hombres, misterio básico de nuestra vida, que como símbolo que sugiere lo Total y Completo, es bisexuado, reconciliando así los más importantes pares de opuestos: macho y hembra".
El autor parte exclusivamente de la imagen difundida por
Eliphas Levi sobre el bafomet que "parece estar basada en una gárgola de baphomet encontrada en la Comandería de Saint Bris le Vineux" (todavía no he logrado encontrarla en Internet tal gárgola...). Y a partir de este dibujo de Eliphas Levi el autor de este libro recurre a sus conocimientos de hermetismo, alquimia, cábala, sufismo e hinduismo... para amplificar las diversas partes del dibujo y exponer posibles simbolismos, algunos de ellos ocultistas y otros más bien esotéricos.
He aquí tres párrafos que extraemos del libro, en los que resume su percepción simbólica de esta representación bafomética que él mismo aporta, coloreada, en una de las páginas:
" ¿Qué es Baphomet? Pienso que no es un ídolo. Creo que es un objeto, un símbolo, que encierra todos los misterios del ocultismo religioso-esotérico de todos los tiempos y que únicamente los hombres del Temple lo utili zaron como medio de meditación y discerni- miento en el largo camino que implicaba su iniciación y que les ayudaba al desarrollo del conocimiento espiritual, y en virtud del mismo su ascenso gradual en la Orden.
Del símbolo emana todo aquello que es capaz la percepción psíquica de captar por medio de la imaginación y la intuición. La verdad esotérica se oculta en el símbolo. Sólo el iniciado puede participar en él. El hombre experimenta su propia evolución interior al tiempo que asimila la significación de la simbología esotérica. Todo símbolo remite a otro símbolo, que es reflejo de otro símbolo y en una infinita sucesión de experiencias que nos conduce al Absoluto..."