sábado, 24 de noviembre de 2012

La cábala alquimista expuesta por Raimon Arola



La segunda edición de La Cábala y la Alquimia en laTradición Espiritual de Occidente. Siglos XV-XVII de Raimon Arola ha visto su luz diez años después de su primera edición, también en José J. de Olañeta Editor (editorial muy importante para los que aman el esoterismo). Raimon Arola es profesor titular de la Universidad de Barcelona, donde imparte cursos sobre simbología e iconología, ha escrito muy buenos libros de su temática docente  y es director de Arsgravis.



Segunda Edición

Primera edición




Este libro de 464 páginas podría ser una tesis doctoral si nos atenemos a la erudición demostrada por Raimon Arola y por la forma expositiva escogida. Asimismo estoy convencido de que es una obra muy valiosa para todos aquellos cristianos con inquietudes esotéricas que ansían conectar con interpretaciones de los misterios bíblicos a la luz de las tradiciones cabalísticas y de la alquimia occidentalizadas aunadas en lo que Raimon Arola denomina cábala alquímica.

Merced, sobre todo, a los estudios de Gershom Scholem, el devenir histórico de la Cábala judía es hoy suficientemente conocido como para ser evidente que no existe una doctrina cabalística judía uniforme e inmutable sino que hubo un desarrollo variado en su evolución temática y formal que todavía no ha concluido. Pues bien, una de esas ramas provenientes de la Cábala judía es la cábala cristiana, especialmente la cábala cristiana surgida durante el Renacimiento con prolongaciones en el período Barroco. Los prolegómenos de esta cábala alquímica los sitúa Raimon Arola en la configuración de la cábala cristiana ante todo en Pico della Mirandola y Agrippa von Nettesheim, unificándose esencialmente en la obra editada por el paracelsiano Franz Kieser Cabala Chymica. Concordantia Chymica. Azot Philosoph, Solificatum (1606). 

 No obstante hubo anteriormente libros en los que ya se ponía en evidencia el intento de complementar ambas tradiciones, como se plasma en la obra Voarchadumia contra alchimiam del sacerdote veneciano Giovanni Agostino Pantheo en el primer tercio del siglo XVI a modo de ciencia cabalística de los metales.

Y esta tradición cabalística-alquímica cristiana, en opinión de Arola, habría concluido con las obras de Thomas Vaughan (1622-1666), aunque Cattiaux la habría “reencontrado” para ser después divulgada públicamente por Emmanuel d'Hooghvorst a partir de 1978  (inicialmente desde su revista Le Fil d’Ariane).

Ahora bien, según Arola, cabe el honor al suizo Paracelso, “noble viajero”,  de ser el gran acuífero del que manarían fontanas de agua cabalística-alquímica cristiana. “De lo que no hay duda es de que, a partir de su obra, la alquimia tomará un nuevo talante y su unión con la cábala será natural, como lo demostrarán los manifiestos Rosacruces”, asevera Raimon Arola a la par que nos subraya que Paracelso “escribe sin apoyarse en ningún autor, sólo cita las Escrituras [bíblicas]” y que sin ser bendecido por Dios con el don del conocimiento [la gracia] le es imposible al ser humano llegar a ser perfecto, para lo cual –señala Paracelso- “el hombre debe renacer una segunda vez de la Virgen, por el agua y el espíritu, y no de la mujer (…) puesto que la carne mortal debe ser abandonada y sólo la carne vivificante resucitará y entrará en el reino de los cielos”.

 Los filósofos cabalísticos-alquimistas rosacruces son los más citados por Raimon Arola, a mi entender. Al mismo tiempo he creído captar que la visión fundamental que tiene Arola de esta tradición occidental que denomina cábala alquimista (y cristiana, añado yo para ser más exacto), proviene de su admiración –y posiblemente filiación iniciática o espiritual- de la exégesis realizada por Emmanuel Van der Linden Baron d'Hooghvorst y, anteriormente, por  uno de los “maestros” de éste, Louis Cattiaux.  De esta “silsila” –por decirlo así- parece provenir la percepción-visión que tiene Raimon Arola de la Cábala y la Alquimia, en mi opinión.


Me han interesado especialmente algunas partes del libro, comenzando por el cuarto capítulo en el que habla del “Mundus Imaginalis” donde tienen lugar las Visiones-Teofanías-Epifanías en el gnosticismo shiita islámico y sufismo, según Henri Corbin (“Tierra Imaginal” donde “se corporiza el espíritu y se espiritualizan los cuerpos” al que he dedicado varios capítulos en mi libro Perdidos en el Mundo Imaginal, otro en Y la vida sigue y dos capítulos en Guía Espiritual y Artística de San Baudelio. Más allá del Paraíso). He subrayado párrafos de lo que Arola ha escrito en torno al Tetragranmaton, a la identificación alquimista entre la Piedra Filosofal y Cristo (tema al que Jung dedicó muchas páginas en su Psicología y Alquimia), y me ha gustado leer las interpretaciones alquimistas del Pantócrator-Tetramorfos en Nicolás Flamel y George Ripley.

Igualmente me he deleitado con las interpretaciones cabalísticas de esa petición anhelante del Amor Místico del Cantar de los Cantares 1,2 (“Que me bese con los besos de su boca”) que llamó especialmente la atención de San Bernardo de Claraval también. Asimismo me he reencontrado con lecturas  que ya conocía del libro de René Taylor sobre el esoterismo del monasterio de El Escorial y de hombres como el arquitecto Juan de Herrera y Benito Arias Montano (1327-1598) y del grupo Familia Charitatis al que perteneció éste.

Las equiparaciones simbólicas entre los primeros versículos del Génesis en torno a la creación del Mundo  y de las cuatro etapas de la vida de Cristo con la Gran Obra de la Alquimia con claves cabalístico-cristianas, son igualmente destacables. 

 Concluyendo… Repito lo dicho al comienzo: este libro de Arola es muy valioso para los cristianos amantes del esoterismo en su faceta cabalística y alquimista.  Y también ha de ser interesante para los estudiosos de las tradiciones occidentales que penetran en las sutilidades esotéricas.

Ahora bien, el Hermetismo y su aplicación alquimista, decía Guénon, pertenece al ámbito de los Pequeños Misterios, y así lo sigo estimando en lo que respecta a Occidente (otra cosa es la Alquimia según la trata Ibn al Arabi, por ejemplo). Por ello estimo que  para los que beben del acuifero de la No-Dualidad, como lo es eminentemente el Vedanta Advaita,  el Juego de la Matricial Imaginación Creadora tiene en el arbolado y ramas de la Cábala y de la Alquimia un teatro de operaciones que no trasciende el Mundo Imaginal,  siendo éste uno de los “cielos altos” generados por Maya en los que todavía la consciencia necesita sentirse corporizada y rodearse de psiquismos corporizados, dotados de formas.  Los símbolos y su interpretación, como dicen maestros contemporáneos como Ramana Maharshi y Nisargadatta, tienen también que quedar reducidos a cenizas al igual que las concepciones sobre el Dios Creador, la Creación y el “yo soy fulanito de tal” aunque éste sea considerado como un "imaginalizado" espíritu corporizado en el "Mundus Imaginalis". Pues, como descubriera San Juan de la Cruz, en el ascenso al Monte Carmelo es necesario “no irse arrimando a visiones imaginarias, ni formas, ni figuras, ni particulares inteligencias” (Subida, 2, 16, 10.) .

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