martes, 21 de diciembre de 2010

Marco Polo y el descubrimiento del mundo

Joaquín Albaicín -  Soriaymas- 07/12/2002

Marco Polo sigue planteando interrogantes sin resolver hoy día por su "Libro de las Maravillas". Albaicín formula algunas preguntas al respecto.



 

John Larner: MARCO POLO Y EL DESCUBRIMIENTO DEL MUNDO (Paidós/Orígenes, Barcelona 2001).


Publicado en Generación XXI.


¿Fue Marco Polo el autor de su "Libro de Maravillas"? ¿Qué papel real cupo en la elaboración de la obra a su compañero de prisión, el genovés Rustichello da Pisa? ¿Simple escribano? ¿Co-autor?... ¿Escribió Rustichello al dictado del veneciano, o a partir de un previo manuscrito de éste que no ha llegado hasta nosotros? ¿Y Marco Polo? ¿Dictó -o escribió- basándose en sus recuerdos, o también en sus notas u otros documentos? ¿Estuvo ciertamente en cuantos lugares describe? Son preguntas a las que se lleva siglos intentando hallar respuesta, y no las únicas que señalan los vacíos detectables en lo que sabemos del insigne personaje. Porque, el cronicón de Marco Polo, ¿es el de un mercader? ¿El de un aventurero? ¿El de un misionero? ¿El de un funcionario mongol? ¿El de un explorador? ¿Qué conocimientos reales aportó a los europeos de su época? De especial interés nos parece el capítulo dedicado a la dilucidación de la real influencia que pudo ejercer sobre el Cristóbal Colón "descubridor" (dejémoslo entre comillas) de América.

Larner, que cita a menudo a Juan Gil, reputado especialista en historia mongola autor del magnífico "En demanda del Gran Khan. Viajeros a Mongolia en el siglo XIII" (Alianza), firma una obra de gran solidez, rigor y amenidad, que sabe conducir con intriga. No faltan en su trabajo los tics propios de la investigación universitaria, al estilo de sobreentender que los europeos de la Edad Media lo ignoraban todo sobre la realidad geográfica del mundo, o la consideración de la Carta del Preste Juan de las Indias como una falsificación. Pero qué duda cabe que Larner se halla mucho más libre de esta clase de prejuicios que la mayoría de los autores de esa línea. Además, arriesga y aporta. No escribe para anotar un título más en su "currículum" (como es habitual en las "eminencias", que llaman "libro" a una mera relación de bibliografía presuntamente consultada precedida por soso refrito), sino llevado por el sincero deseo de palpar el fondo de la cuestión. ¿Lo logra? En el camino, dicen, se encuentra ya la meta. En qué jalón del mismo, he ahí la cuestión.

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