martes, 21 de diciembre de 2010

Los oráculos caldeos

Joaquín Albaicín - Soriaymas.05/12/2002

Joaquín Albaicín señala, en esta reseña, que subyace en el poema que ha sobrevivido de los oráculos caldeos, una enseñanza realmente tradicional que "no debe ser pasada por alto".


 


G. R. S. Mead : "LOS ORÁCULOS CALDEOS" (Obelisco, Barcelona 1998).


El incendio de la Gran Biblioteca de Alejandría marca, qué duda cabe, el cierre de un ciclo en lo que al conocimiento espiritual se refiere (que se produjera cuando los romanos plantaron allí sus pezuñas, como ahora las plantan sus sucesores en los pocos Egiptos que nos quedan, debiera constituir motivo de reflexión, mas este es otro tema). Las llamas que la devoraron se llevaron para siempre la mayoría de los textos supervivientes de la sabiduría de los antiguos egipcios, que ya entonces -debido a la decadencia del antiguo culto, a la ruptura de las cadenas iniciáticas y al olvido de la lengua sagrada- pertenecía a un pasado remoto del que no debía ser fácil encontrar a demasiados representantes auténticos. Y, con ellos, se perdieron también muchos otros tesoros de quién sabe qué antigüedad y procedencia.

En su sección "Libros Sagrados del Oriente" se conservaban, por ejemplo, los llamados "Libros de los Caldeos". ¿A qué se referían con "caldeos" los bibliotecarios que los catalogaron? ¿A la casta sacerdotal caldea, detentadora de la autoridad espiritual en tiempos vedados a la cronología? ¿A los "magos" caldeos de Babilonia de que habla la Biblia, ya posteriores? ¿A los sacerdotes medos, que también recibieron este calificativo?... De aquellos libros únicamente ha sobrevivido un largo poema, y no íntegro, pues su reconstrucción sólo ha sido posible gracias a las citas del mismo encontradas en neoplatónicos como Zósimo o Porfirio. Lo más lógico es pensar que existió un original en alguna lengua semita, pero el que conocemos está compuesto en hexámetros, al estilo de los oráculos proféticos griegos. No obstante, parece claro -a nuestro juicio, el propio nombre de caldeos así lo indica- que, como creía Porfirio, se trata de oráculos ya en su tiempo muy antiguos.

El poema nos descubre un culto al Fuego como Principio, de naturaleza mistérica y cualificado para, a través de los mundos intermedios, conducir al iniciado hasta dicho Principio. Como nos topamos por doquier con pasajes que firmaría sin dudarlo prácticamente cualquier autoridad del Vedanta, parece razonable pensar que en este poema, con independencia de las lógicas interpolaciones que debe contener, resplandece uno de los últimos testimonios de acceso a la sabiduría verdaderamente primordial, es decir, libre de la sentimentalidad inherente a las vías específicamente religiosas, que conoció el Occidente antiguo (siempre que al antiguo Egipto y a esos autores de nombre romano o griego pero sangre siria, hebrea, armenia o fenicia se les pueda considerar Occidente, lo cual me parece bastante discutible). "Los Oráculos Caldeos" nos permiten retrotraernos al Oráculo de Nimrod, mencionado en varios apócrifos, que simboliza la sabiduría tradicional detentada por Babilonia, aquel gran Centro caído. No debe, pues, ser pasado por alto. Sin duda que no puede haber sido gratuitamente o por casualidad que este poema haya sido salvado de las llamas que tantos otros versos redujeron a cenizas.


Publicado en Generación XXI.  Transcrito después en Soriaymas.

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