martes, 21 de diciembre de 2010

El evangelio de San Bernabé

Ángel Almazán de Gracia -  Soriaymas.- 20/10/2004

Aconsejamos la lectura de “El Evangelio de San Bernabé. Un evangelio islámico español”, de Luis F. Bernabé Pons. Resumimos la tesis de su investigación y apuntamos otra.



 
Aconsejamos la lectura de “El Evangelio de San Bernabé. Un evangelio islámico español”, de Luis F. Bernabé Pons, editado por la Universidad de Alicante en 1995, que es una sinopsis de su tesis doctoral de 1992. El autor, aunque da referencias al manuscrito italiano, cuya primera referencia moderna –una pequeña reseña, por cierto- data de 1715, y tres años después con varias páginas lo hace John Toland, quien señala que lo había visto nueve años antes en manos de J.F. Cramer, consejero y primer ministro de Federico I de Prusia, que lo había adquirido en Ámsterdam.

Ahora bien, Luis F. Bernabé, a donde recurre es al manuscrito español del citado Evangelio, encontrado en 1976 en la Universidad de Sydney (Australia), proveniente de la biblioteca de sir Charles Nicholson, fallecido en 1903, que lo había adquirido en Inglaterra. Este manuscrito está incompleto pues le faltan los capítulos comprendidos entre el 120 y el 200, así como algunos párrafos de su parte final. El manuscrito italiano está, sin embargo, completo, aunque carece de la introducción que tiene el español.

La referencia moderna más antigua que se conoce acerca de este Evangelio en castellano aparece en un texto de Ybrahim Taybili, un morisco español exiliado en Túnez (proveniente de Toledo aunque nacido en Murcia y que había frecuentado Alcalá de Henares), y fechado en 1634: “… y particularmente se hallarán muchas (cosas de Muhammad) en el taurat, y deste en la biblia que en poder de los judíos se hallará en castellano, cossa prohibida entre cristianos porque no la lean quien sea ocasión de seguirla y buscar por la verdad, y así está en latín. Y assí mesmo en el evangelio de san Bernabé, donde se hallará luz, que a mirarlo bien y considerarlo bieran los cristianos su çiego camino como lo an bisto algunos que por ser ocasión están oy en el islam…”.


Que lo había leído, es un hecho, puesto que en muchos pasajes de su “Contradictión de los catorce artículos de la fe cristian”a, que terminó en 1628, “coinciden de forma muy cercana con varios de los postulados del Evangelio de Bernabé, en especial la ‘sorprendente’ negación de que Jesús sea el Mesías y la afirmación complementaria de que éste es en realidad Muhammad”, asevera el Bernabé Pons. Y sobre ello nos detendremos también nosotros por cuanto es una cuestión que ha dejado perplejos a muchos musulmanes contemporáneos.

Al respecto de esta cuestión sobre el Mesías, Bernabé Pons reflexiona en torno a las razones por las cuales se dice que el Mesías no es Jesús sino Muhammad, en contra de lo manifestado reiteradamente en el Corán, donde se indica que el Mesías es Isa (Jesús).

El calificativo de Mesías (“Ungido”, como igualmente significa lo mismo la palabra griega Cristo) en el Islam “tiene una significación que se aparta de la que es común para el cristianismo como concepto salvífico para la humanidad “. En el Corán, Isa es un ser humano, hijo de María, “un enviado más de la serie profética que acaba en Muhammad”, aunque ciertamente un profeta muy querido en el Islam: “Es el enviado de Allah, su Verbo” (pero tampoco esta adscripción como Verbo de Dios tiene que ver con lo que se entiende como tal en el cristianismo). El título de mesías (al-masih) que se le otorga a Isa en la sura quinta del Corán, “no comporta ninguna prerrogativa especial para Jesús que le eleve por encima de los demás profetas, sino que, tal y como se presenta en el texto coránico, es poco más que otro nombre propio aplicado al profeta de Dios Isa. Pero no es éste sentido reducido de la palabra mesías el que se encuentra utilizado en el Evangelio de Bernabé. Al contrario, se observa que la noción fundamental utilizada en los manuscritos español e italiano se atiene a la noción judía y cristiana (ésta en sentido restringido) de mesías como profetizado en el Antiguo Testamento, que da final y plenitud a la revelación y que será conocido por sus milagros y sus profecías”, matiza Bernabé Pons, quien señala que, siguiendo esta lógica argumental del Evangelio de Bernabé, “resulta perfecta y dinámica al atribuir ese título a Muhammad, final y culminación de la revelación de Dios a los hombres”. Ello se entiende más desde la teología católica que desde la islamología, pues el Evangelio de Bernabé, “niega la encarnación y la redención y, por tanto, el mesianismo de Jesús como Verbo hecho hombre”. Esto es, “aplica la idea coránica de la humanidad de Jesús a través de la palabra cristiana italiana y española de mesías… Hay que tener presente que el masih del Corán no está revestido de las características de salvación que sí tiene la palabra mesías en castellano..”, argumenta Pons.

Este autor señala que los comentaristas musulmanes han tratado de buscar una explicación lógica al calificativo de “al .Masih” a Isa, relacionándolo con la raíz árabe “m s h”, que es “frotar”, “ungir”, de tal forma que Isa como Mesías sería entonces “el Ungido” por Dios desde su nacimiento con distintas bendiciones, o “el que unge” a los enfermos para sanarlos y a los ciegos para devolverles la vista. En este sentido, en un manuscrito morisco de la Biblioteca Nacional de Madrid, puede leerse: “…Y açercáronse a Jesús y pasó sus manos por las feridas y sanaron por licencia de Allah y su poderío; pues por aquello fue llamado Jesús Almaçih, porque toda cosa que maçhaba (frotaba) con sus manos sanaba con liçencia de Allah”.

Bernabé Pons, tras resumir cada capítulo del texto español (en otro libro distinto al que ahora reseñamos ha publicado el texto íntegro del Evangelio de Bernabé español), distingue los evangelios canónicos, de los apócrifos y, ambos del Inyil coránico, esto es del Evangelio que Allah hizo descender sobre Isa (Jesús) para que éste hablara sobre él, siendo tal Inyil la misma Revelación divina que conoció Moisés, y la que el Corán reflejará posteriormente a través de Muhammad.

El Evangelio de Bernabé dice al respecto: “Cuando Jesús alcanzó los treinta años de edad tal y como él mismo me dijo, subió con su madre al Monte de los Olivos a coger aceitunas. Estaba haciendo la oración del mediodía cuando al llegar a las palabras “Señor, con misericordia..”, se vio rodeado de un inmenso resplandor y de una multitud de ángeles que decían: “Bendito sea el Señor”. Entonces, el ángel Gabriel le mostró un libro que parecía un espejo brillante que entró en el corazón de Jesús; con ello obtuvo conocimiento de lo que Dios ha hecho y dicho, y también de lo que Dios quiere, hasta tal punto que todo se abrió y manifestó ante sus ojos. Y luego Jesús me dijo: ‘Has de creer, Bernabé, que yo conozco cada profeta y cada profecía; y lo que digo es que todo lo que hay procede de ese libro’”.



Este Inyil de Isa fue modificado, manipulado, por sus apóstoles y por la Iglesia; los evangelios canónicos no son el Inyil, sino más bien a modo de hadices (tradiciones referidas a la vida de Muhammad y a lo que él dijo), estima Bernabé Pons. Y en esta misma óptica, el Evangelio de Bernabé tampoco es el Inyil, si bien, pretende ser un relato muy certero de lo que Jesús dijo, pero configurado como hadices, insiste Pons. Es el mismo Jesús quien encarga a Bernabé, antes de su ascensión definitiva al cielo, que escriba lo que ha visto y oído: “Mira, Barnaba, que en todo modo escrivas mi Evangelio, diziendo todo lo que ha sucedido en el mundo acerca de mí; y vaya al justo, para que los fieles sean desengañados sabiendo la verdad”.

Mas vayamos concluyendo.

El Evangelio de Bernabé, para Pons, no fue escrito por San Bernabé, sino que fue elaborado por la comunidad morisca de Granada, posiblemente la misma que produjo los escritos plúmbeos del Sacromonte, y en la misma época, solo que no les dio tiempo a esconderlo por trozos e irlos haciendo aparecer milagrosamente poco a poco, teniendo que ser llevado al norte de África u otros territorios tras la expulsión de los moriscos. Fue un texto magistral en la larga controversia islamo-cristiana cuyo conocimiento público ha tenido que esperar siglos. Esta es su tesis principal. Para él fue ideado y escrito en el medio hispano-morisco de finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Y tal estratagema fue posiblemente doble porque también partió de ellos la traducción al italiano, siendo el español el original, sugiere Bernabé Pons. En él se expone la visión musulmana de Jesús bajo el prisma morisco, concluye.

En contra de estas opiniones de Pons, por nuestra parte indicaremos que, en el lado opuesto, para algunos investigadores, el Evangelio de Bernabé del que estamos hablando, “bien pudiera ser el Evangelio Q, fuente común de los Evangelios Sinópticos”.


TEXTO DEL EVANGELIO DE BERNABÉ NEGANDO LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS Y SU MUERTE

1. En el momento en que los judíos se preparaban para ir a capturar en el huerto de los Olivos a Jesús, éste fue arrebatado al tercer cielo.

2. Porque no morirá hasta el fin del mundo, y se crucificó a Judas en su lugar.

3. Dios permitió que el discípulo traidor pareciese a los judíos hasta tal punto semejante en su rostro a Jesús, que lo tomasen por él, y que, como a tal, lo entregasen a Pilatos.

4. Aquella semejanza era tamaña, que la misma Virgen María y los mismos apóstoles fueron engañados por ella.

5. Y, el día en que se publicó el decreto del Gran Sacerdote, la Virgen María volvió a Jerusalén con Jacobo, con Juan y conmigo.

6. Y, temerosa de Dios, y aun sabiendo que el decreto del Gran Sacerdote era injusto, ordenó a los que residían con ella que olvidasen a su Hijo, profeta tan santo, y muerto, sin embargo, con tanta ignominia.

7. Mas Dios, que conoce lo que pasa en el corazón de los hombres, comprendía que estábamos abrumados de dolor, a causa de la muerte de Judas, la cual mirábamos como la de Jesús mismo, nuestro maestro, y que experimentábamos el más vivo deseo de verlo, después de su resurrección.
8. He aquí por qué los ángeles que guardaban a la Virgen María subieron al tercer cielo, en que Jesús estaba acompañado de sus ángeles, y lo enteraron de lo que ocurría.

9. Entonces Jesús pidió a Dios que le diese medios de ver a su madre y a sus discípulos.

10. Y Dios, lleno de misericordia, ordenó a cuatro de sus ángeles más queridos, Gabriel, Miguel, Rafael y Uriel, que llevasen a Jesús a la casa de su madre, y que lo guardasen allí durante tres días consecutivos, no dejándolo ver por más personas que por las que creyesen en su doctrina.

11. Y Jesús, rodeado de esplendor, llegó a la habitación en que estaba la Virgen María, con sus dos hermanas, y Marta con María Magdalena, y Lázaro conmigo, y Juan con Jacobo y con Pedro. Y, al verlo, fuimos presa de tal pavor, que caímos todos al suelo como muertos.

12. Mas Jesús, levantando a su madre y a sus discípulos, dijo: No temáis, ni lloréis, porque vivo estoy, y no difunto, como habéis creído.

13. Y cada cual permaneció largo tiempo como fuera de sí, ante el asombro de ver a Jesús, a quien juzgaban muerto.

14. Y, con grandes gemidos, la Virgen exclamó: Te ruego, hijo mío, que me digas por qué, habiéndote dado Dios el poder de resucitar a los muertos, has sufrido la muerte tú, con gran vergüenza para tus parientes y para tus amigos, y con gran oprobio para tu doctrina, de suerte que todos los que te aman están como heridos de estupor y de agonía.

15. Mas Jesús, abrazando a su madre, repuso: Puedes creerme, madre mía, cuando afirmo que nunca he muerto, y que Dios me ha reservado hasta el fin del mundo.

16. Y, habiendo hablado así, ordenó a los cuatro ángeles que se dejasen ver, y que diesen testimonio del modo como las cosas habían ocurrido.

17. Y los ángeles aparecieron como cuatro soles deslumbrantes, y de nuevo todos los asistentes, presa de pavor, cayeron como muertos.

18. Entonces Jesús dio cuatro velos a los ángeles para que se cubriesen, y para que, de esta manera, su madre y sus discípulos pudiesen soportar su aspecto, y oírlos hablar.

19. Y, animándolos a ello, dijo: He aquí a los ministros de Dios. Gabriel anuncia los secretos divinos. Miguel combate a los enemigos del Altísimo. Rafael recibe las almas de los muertos. Uriel, en el último día, llamará a juicio a todos los hombres.

20. Y los ángeles contaron a la Virgen lo que Dios les había mandado, y cómo Judas había sufrido una transformación para que sufriese la pena que había querido infligir a otro.

21. Y yo, Bernabé, dije a Jesús: ¿Me permitirás, oh maestro, dirigirte una pregunta, como cuando habitabas entre nosotros?

22. Y Jesús repuso: Pregunta, Bernabé, todo lo que quieras, y te responderé.

23. Y yo inquirí: Maestro, puesto que Dios es misericordioso, ¿por qué nos ha atormentado así, y por qué ha consentido que creyésemos que había muerto, mientras tu madre te lloraba hasta el punto de hallarse muy cerca de morir también? Y a ti, que eres el Santo de Dios, ¿cómo éste te ha dejado expuesto a la infamia de morir sobre el Calvario, entre dos ladrones?

24. Y Jesús contestó: Créeme, Bernabé. Siendo Dios la pureza misma, no puede ver en sus servidores la menor falta, que no castigue severamente. Y, como mi madre y mis discípulos me amaban con un afecto demasiado terrestre y humano, Dios, que es justo, ha querido castigar este afecto en el mundo mismo, y no hacerlo expiar por las llamas del infierno. Aunque yo hubiese llevado en la tierra una vida inocente, no obstante, como los hombres me habían llamado Dios e Hijo de Dios, mi Padre, no queriendo que fuese, en el día del juicio, un objeto de burla para los demonios, prefirió que fuese en el mundo un objeto de afrenta por la muerte de Judas en la cruz, y que todos quedasen persuadidos de que yo había sufrido este suplicio infamante. Y esa afrenta durará hasta la muerte de Mahoma, que, cuando venga al mundo, sacará de semejante error a todos los que creen en la ley de Dios.

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